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Título del comentario: Reflexiones
de Savater...
Comentario:
Paso sus reflexiones para el día del maestro ... en otra
ocasión podríamos intercambiar nuestras posturas
CARTA A LA MAESTRA
Fernando Savater * en "El valor de educar"
".... Actualmente coexiste en este país el hábito
de señalar la escuela como correctora necesaria de todos
los vicios e insuficiencias culturales con la condescendiente minusvaloración
del papel social de las maestras y maestros.
¿ Que se habla de la violencia juvenil, de la drogadicción,
de la decadencia de la lectura, del retorno a actitudes racistas,
etc.? Inmediatamente salta el diagnostico que sitúa -desde
luego no sin fundamento- en la escuela el campo de batalla oportuno
para prevenir males que más tarde es ya dificilísimo
erradicar.
Cualquiera diría por tanto que los encargados de esta enseñanza
de tan radical importancia son los profesionales a cuya preparación
se dedica mas celo institucional, los mejor remunerados y aquellos
que merecen la máxima audiencia en los medios de comunicación.
Como bien sabemos, no es así. La opinión popular da
por supuesto que a maestro no se dedica sino quien es incapaz de
mayores designios, gente inepta para realizar una carrera universitaria
completa, y cuya posición socio económica ha de ser
necesariamente ínfima.
Incluso existe en España ese dicharacho aterrador de "pasa
más hambre que maestro de escuela"..." Y cuando
se debaten presupuestos ministeriales, aunque de vez en cuando se
habla retóricamente de dignificar el magisterio las mayores
inversiones se da por hecho que deben ser para la enseñanza
superior. Claro, la enseñanza superior debe contar con más
recursos que la enseñanza... ¿inferior?.
Todo es un auténtico disparate.
Quienes asumen que los maestros son algo así como "fracasados"
deberían concluir entonces que la sociedad democrática
en que vivimos es también un fracaso. Porque todos los demás
que intentamos formar a los ciudadanos e ilustrarlos, cuantos apelamos
al desarrollo de la investigación científica, la creación
artística o el debate racional de las cuestiones públicas
dependemos necesariamente del trabajo de los maestros.
En el campo educativo poco se habrá avanzado mientras la
enseñanza básica no sea prioritaria en inversión
de recursos, en atención institucional y también como
centro del interés público.
Hay que evitar el actual círculo vicioso, que lleva de la
baja valoración de la tarea de los maestros a su ascética
remuneración, de ésta a su escaso prestigio social
y por tanto a que los docentes más capacitados huyan a niveles
de enseñanza superior, lo que refuerza los prejuicios que
desvalorizan el magisterio, etc.
Es un tema demasiado serio para que lo abandonemos exclusivamente
en manos de los políticos, que no se ocuparán de él
si no lo suponen de interés urgente para su provecho electoral:
también aquí la sociedad civil debe reclamar la iniciativa
y convertir la escuela en" tema de moda" cuando llegue
la hora de pergeñar programas colectivos de futuro. Es preciso
convencer a los políticos de que sin una buena oferta escolar
nunca lograrán el apoyo de los votantes. En caso contrario,
nadie podrá quejarse y no queda más que resignarse
a lo peor o despotricar en el vacío.
Por decirlo con palabras de Juan Carlos Tedesco en El nuevo pacto
educativo la crisis de la educación ya no es lo que era:
"no proviene de la deficiente forma en que la educación
cumple con los objetivos sociales que tiene asignados, sino que
más grave aún, no sabemos que finalidades debe cumplir
y hacia donde efectivamente orientar sus acciones".
En efecto el problema educativo ya no puede reducirse sencillamente
al fracaso de un puñado de alumnos por numeroso que sea,
ni tampoco a que la escuela no cumpla como es debido las nítidas
misiones que la comunidad le encomienda, sino que adopta un perfil
previo y más ominoso: el desdibujamiento o la contradicción
de esas mismas demandas
¿ Debe la educación preparar aptos competidores en
el mercado laboral o formar hombres completos?
¿ Ha de potenciar la autonomía de cada individuo,
a menudo crítica y disidente, o la cohesión social?
¿ Debe desarrollar la originalidad innovadora o mantener
la identidad tradicional del grupo?
¿Atenderá a la eficacia práctica o apostará
por el riesgo creador?
¿ Reproducirá el orden existente o instruirá
a los rebeldes que pueden derrocarlo?
¿Mantendrá una escrupulosa neutralidad ante la pluralidad
de opciones ideológicas, religiosas, sexuales y otras formas
de vida (drogas, televisión, polimorfismo estético...)
o se decantará por razonar lo preferible y proponer modelos
de excelencia?
¿ Pueden simultanearse todos estos objetivos o algunos de
ellos resultan incompatibles? .
En este último caso
¿cómo y quién debe decidir por cuales optar?.
Y otras preguntas se abren, por debajo incluso de las anteriores
hasta socavar sus cimientos: ¿ Hay obligación de educar
a todo el mundo de igual modo o debe haber diferentes tipos de educación,
según la clientela a la que se dirijan?, ¿es la obligación
de educar un asunto público o más bien cuestión
privada de cada cual?, ¿acaso existe obligación o
tan siquiera posibilidad de educar a cualquiera, lo cual presupone
que la capacidad de aprender es universal?. Pero vamos a ver: ¿porqué
ha de ser obligatorio educar? Etc, etc.
Cuando el número de preguntas y su radicalidad arrollan
patentemente la fragilidad recelosa de las respuestas disponibles,
quizá sea hora de acudir a la filosofía. No tanto
por afán dogmático de poner pronto remedio al desconcierto,
sino para utilizar éste a favor del pensamiento: hacernos
intelectualmente dignos de nuestras perplejidades es la única
vía para empezar a superarlas. Como individuos y como ciudadanos
tenemos perfecto derecho a verlo todo muy negro.
Pero en cuanto educadores no nos queda más remedio que ser
optimistas ¡ ay ! y es que la enseñanza presupone el
optimismo tal como la natación exige un medio líquido
para ejercitarse. Quien no quiera mojarse, debe abandonar la natación;
quién sienta repugnancia ante el optimismo, que deje la enseñanza
y que no pretenda pensar en qué consiste la educación.
Porque educar es creer en la perfectibilidad humana, en la capacidad
innata de aprender y en el deseo de saber que la anima, en que hay
cosas (símbolos, técnicas, valores, memorias, hechos...)
que pueden ser sabidos y que merecen serlo, en que los hombres podemos
mejorarnos unos a otros por medio del conocimiento.
Hablaré de el valor de educar en el doble sentido de la
palabra "valor": quiero decir que la educación
es valiosa y válida , pero también que es un acto
de coraje, un paso al frente de la valentía humana.
Cobardes o recelosos, abstenerse.
Lo malo es que todos tenemos miedos y recelos, sentimos desánimo
e impotencia y por eso la profesión de maestro -en el mas
amplio sentido del noble término, en el mas humilde también-
es la tarea más sujeta a quiebras psicológicas, a
depresiones, a desalentada fatiga acompañada por la sensación
de sufrir abandono en una sociedad exigente pero desorientada. De
ahí nuevamente mi admiración por vosotras y vosotros.
Y mi preocupación por lo que os - nos debilita y desconcierta."
Buenas noches. Ana
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