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Título del comentario: Poco es lo
que se habla del valor de la educación artística.
Comentario:
Poco es lo que se habla del valor de la educación artística
y agradezco al colega Rodríguez de Colombia poner sobre el
tapete esta cuestión.
La importancia que observo en este tipo de estrategia o política
de desatención de un sector, estratégico por demás
dentro de los códigos de la sociedad del conocimiento, es
el reforzamiento de la genuflexión valórica, mediática
y simbólica, con los mundos-otros procedentes de los grandes
emporios comunicacionales, dentro de una lógica, que afortunadamente
desde fines de 2002, viene motivando preocupaciones, en CEPAL y
otros organismos multilaterales, colocando este tipo de "olvidos"
al interior de la casilla "impactos no económicos de
la globalización".
La educación artística constituye un pilar de las
identidades locales, amén de la formación de valores
y criterios para la valoración, en el rol de munícipe
y ciudadano/a informado/a en personas de distintas edades, ya por
medio de organizaciones formales o paralelo al currículo
formal, ya mediante las intervenciones puntuales de la educación
que organizaciones sociales y artistas independientes procuran proveer
a sus respectivas comunidades.
La llamada educación del gusto (Della Volpe, et al) resulta
ser una pieza fundamental en las identidades y en la integración
y cooperación regionales, lo mismo para motivar las alianzas
estratégicas Sur-Sur, como al interior de regiones y municipios
en un mismo país.
Recientemente, concluimos un Encuentro - Taller <http://www.cciav.org/gpage1.html>
sobre "Gestión de Procesos para Trabajo Colaborativo...",
orientado a lideres y artistas preocupados por hacer circular saberes
y motivaciones vocacionales, entre grupos urbanos de distintas edades.
La percepción que quedo en nosotros, luego de varias retroalimentaciones
internacionales, levantando la base de datos para el seguimiento
ex post, de dicho evento es mas o menos la siguiente:
1. La labor formal de la enseñanza artística, deja
mucho que desear, si se la compara con la disponibilidad de infraestructura,
comunicacional y tecnológica, subutilizada en las familias
de medianos y altos ingresos, en las zonas urbanas. Razón
por la cual las nuevas alfabetidades, de las que habla UNESCO, para
asumir los códigos de la modernidad, tendrán que implicar
un movimiento más orientado a ganar las calles, las plazas
y los eventos de movilización popular, a fin de desmitificar
definitivamente la actividad artística, como una necesidad
de salud e higiene mental colectiva, más que como dispositivo
excluyente por parte de las elites ilustradas en los países
del mundo no industrializado, todo esto sin sacrificar en lo más
mínimo, los niveles de calidad, las preocupaciones expresivas
y experimentales, de autores e interpretes.
2. Existe entre los padres, madres y tutores -producto del perfil,
estilo de vida e inseguridad socio-profesional, de muchos/as artistas-,
una gran preocupación, por que sus hijos e hijas, tomen en
serio la creación o la formación artística,
como actividad profesional -o que sueñen con ella- NO porque
en lo personal tengan "algo contra el arte", sino por
los riesgos a la estabilidad económica, social y existencial
que se perciben como consustanciales a tales tipos de aprendizajes
y/o experiencias, máxime cuando se da el salto de principiante
a aficionado y desde este trampolín o purgatorio, se emprenden
"los pininos" en el mundo profesional o semi-amateur.
3. Por otro lado, los enseñantes casi nunca son artistas
en ejercicio de primera línea, salvo en las escuelas privadas
de alto costo, sino personas que de una u otra forma, truncaron
el ejercicio de sus respectivas vocaciones, precisamente por la
inseguridad jurídica, económica y existencial que
supone en muchos de nuestros países el ejercicio de las artes
-igual que de la literatura- como profesión única.
De tal suerte que dentro del marco del pluriempleo, la docencia,
se brinda como segunda opción, todo lo cual genera un gran
malestar en el espíritu de cuerpo (sprit de corps) de la
comunidad de creadores y perdidas netas para el sistema educativo,
cuando el mismo anda buscando calidad y no la estimulación
de las migraciones y el desarraigo económico, como ocurre
con la fuga de cerebros (brain drain) o el exilio económico,
de esas mismas personas con talento y formación, al mundo
industrializado.
Todo lo anterior lo sostengo por el hecho de vivir en una sociedad
mucho más tardocapitalista y con menor acceso a la creación
de redes colaborativas, infraestructuras de soporte a la enseñanza
y a la promoción vocacional de los valores humanísticos
que Colombia, lo cual se desprende del lugar que desafortunadamente
ocupa Republica Dominicana, en el ranking continental de la pobreza,
material -en contigüidad con Haití, Bolivia, Nicaragua,
El Salvador- situación que sin embargo, aunque nunca hemos
tenido un siglo de Pericles, no ha sido óbice para la generación
de exportaciones dentro de las industrias culturales, gracias a
individuos y grupos que no han cesado en su empeño, como
Waddy Jaquez, Juan Luis Guerra, Johnny Ventura o más recientemente,
Michael Camilo y las agrupaciones de Bachata.
Sin embargo, es importante observar que la mayoría de los
exponentes de la música y las artes que alcanzan a exportar
sus productos y performatividades, se formaron, dentro o fuera del
país, antes de 1990, es decir, pocos años antes de
la puesta en vigencia del primer Plan Decenal de Educación
(PDE), en el marco de las restricciones y dificultades para el sector,
que arropó prácticamente todo el subcontinente latinoamericano.
La importancia otorgada a la formación artística
en el modelo neoliberal, hace del artista un juguete muy caro para
permitir que tales tipos de conocimientos circulen con calidad por
el sistema público, situación esta que dificulta la
creación de una generación de relevo y profundizar
las conquistas de nuestra generación anterior de artistas
profesionales, de cara a los próximos lustros de la historia
de la cultura del Caribe.
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