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Una reforma es un movimiento instituyente que busca constituirse
como instituido.
Para que una reforma se cristalice en la práctica, debe existir
un acompañamiento externo, desde una política pública,
y uno interno, desde la gestión institucional.
Investigaciones educativas dan cuenta de que las escuelas reforman
las reformas (G. Freigerio).
Una cultura institucional, un poder instituido, actúa como
fuerza que resiste a los cambios propuestos o impuestos.
Son las políticas públicas, las que tienen el poder
de implementar efectivamente los cambios propuestos. El acompañamiento
del desarrollo curricular, por una figura externa en la escuela,
que asesore, proponga, cuestione y elabore, en forma conjunta, propuestas
de aprendizaje desde los nuevos marcos teóricos, aseguraría,
no una transformación ipso facto, pero sí un cambio
progresivo para una sociedad más equitativa en cuanto al
conocimiento se refiere.
El sistema educativo requiere un cambio estructural. La forma acompañará
al contenido. El Director, como gestor fundamental de la escuela,
también necesita ser asesorado y acompañado en su
practica.
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