Resumen
Los sistemas educativos latinoamericanos se vieron enfrentados
a las demandas cada vez más explícitas de cambios
radicales que permitieran extender su cobertura educativa como vía
de contribuir al fortalecimiento de los diferentes sectores sociales
en el marco de una política de proyección del desarrollo
de las naciones. Para dar respuesta a estas necesidades, la mayoría
de los países utilizaron una estrategia de expansión
lineal, poniendo énfasis en la educación primaria,
pero generando un considerable aumento de la inscripción
en los ciclos secundario y superior. El esfuerzo realizado se originó
a partir de la propuesta de un planeamiento integral de la educación
surgida a partir de las diferentes reuniones, que auspiciadas por
los organismos internacionales se desarrollaron en las décadas
del 50 y 60.
La necesidad de plantear cuestionamientos a los modelos socioeconómicos
impuestos y ampliamente desarrollados en las décadas pasadas,
junto a la novedad de la resignificación de un modelo de
modernización de las sociedades y, alternativamente, la discusión
teórica acerca de la presencia de una etapa postmoderna en
las sociedades industrializadas, hacen cada vez más variables
los contextos, las acciones y las certezas antes manejadas. Atendiendo
a esto, las perspectivas del planeamiento de la educación
evolucionan hacia un estado de permanente cambio (turbulencias propias
de los campos emergentes) aspectos que ponen, en creciente evidencia,
a la estrategia como instrumento de análisis y desarrollo.
La globalización de la economía, la cultura y las
formas sociopolíticas que determinan los inicios del siglo
XXI, no favorece, a pesar de los esfuerzos internacionales en la
materia, una concepción clara de las ventajas que la estrategia
aporta a la consistencia de los logros que las naciones están
emprendiendo.
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