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Resumen
Este trabajo tiene por objetivo conocer, comprender, analizar
y evaluar los valores de los adolescentes de un centro español
de Educación Secundaria en el extranjero (Marruecos); para,
en base a ello, poder diseñar, desarrollar y evaluar las
propuestas de intervención más adecuadas.
La muestra con la que se ha trabajado estuvo integrada por 243 adolescentes,
de clase social y nivel económico medio-alto, alumnos del
Instituto Español de Educación Secundaria "Nª
Sª del Pilar de Tetuán" (Marruecos), a principios
de 2006. El instrumento utilizado para la recogida de datos fue
el Cuestionario de Valores (CV), de construcción propia (2006),
que consta de 160 items, en pentatipos, diseñado para recoger
información respecto a la opinión que manifiestan
los alumnos de la ESO y el Bachillerato sobre los 32 valores siguientes:
amistad, amor, bondad, civismo, cooperación, democracia,
diálogo, esfuerzo, espíritu de cambio, ética,
familia, generosidad, honradez, humanidad, ideas de los mayores,
igualdad, justicia, legalidad, libertad, liderazgo, moralidad, motivación
de logro, paz, prudencia, religión, respeto, solidaridad,
superación, tiempo libre y ocio, tolerancia, trabajo y verdad;
con una fiabilidad de 0,097 (alfa de Crombach) y una validez estructurada
en función de los siguientes factores: valores universales,
valores intrapersonales, valores interpersonales y valores espirituales;
como resultado del análisis de varianza efectuado. Las variables
contenidas en esta investigación se distribuyeron como: variables
de estudio y variables de clasificación.
Los resultados obtenidos han permitido extraer las siguientes conclusiones:
1) Los tres valores más apreciados por el alumnado de
nuestra muestra (2006) se dan en el siguiente orden: ideas y creencias
de los mayores, respeto y honradez; mientras que para los jóvenes
españoles, según Elzo (1999) son: familia, amistad
y trabajo; para los universitarios de Zaragoza, según Larumbe
y Baillo (2001) son: chicos: libertad y amistad; y chicas: paz,
amistad y libertad; para los jóvenes españoles,
según el Instituto de la Juventud (2002) son: familia,
amistad y amor; y, para los jóvenes argentinos, según
Carena et al. (2004) son: solidaridad, respeto, amistad. Lo que
contrasta radicalmente, probablemente, debido al factor cultura/religión,
entre marroquíes-africanos-musulmanes ("orientales")
e hispanos-europeos-cristianos ("occidentales"). Sin
embargo, coinciden en el "respeto" con la muestra de
alumnos argentinos.
2) En función del sexo, se han hallado diferencias estadísticamente
significativas en la mayoría de los valores analizados,
obteniendo las adolescentes los mayores rangos promedio en todos
ellos.
3) En función de la edad, sólo se han encontrado
diferencias estadísticamente significativas en los siguientes
valores: generosidad, honradez, libertad y moralidad; obteniendo
los mayores rangos promedio, siempre, los alumnos de mayor edad.
4) En función del curso, sólo se han encontrado
diferencias estadísticamente significativas en los siguientes
valores: civismo, generosidad, honradez, humanidad, liderazgo,
superación y verdad, obteniendo los mayores rangos promedio
los alumnos de 1.º de E.S.O. (12 años); en igualdad
y tiempo libre y ocio, obteniendo los mayores rangos promedio
los alumnos de 4.º de E.S.O. (15 años); y en libertad,
moralidad, paz y respeto, obteniendo los mayores rangos promedio
los alumnos de 2.º de Bachiller (17 años).
5) En función del "país de nacimiento y nacionalidad",
sólo se han encontrado diferencias estadísticamente
significativas en los siguientes valores: amistad, obteniendo
los mayores rangos promedio los alumnos españoles, y religión,
obteniendo los mayores rangos promedio los alumnos marroquíes.
6) En función de la "cultura/religión",
sólo se han encontrado diferencias estadísticamente
significativas en los siguientes valores: amistad y legalidad,
obteniendo los mayores rangos promedio los alumnos cristianos,
y religión, obteniendo los mayores rangos promedio los
alumnos musulmanes.
Todo ello nos lleva a hacer las siguientes propuestas de intervención:
1) Para el aprendizaje, tamización, decantación,
práctica y desarrollo de los valores se deben dar las siguientes
fases: impregnación (especialmente, del apego y modelaje
de los referentes más significativos, próximos y
distales), conocimiento, comprensión, clarificación,
valoración, interiorización y aplicación.
Evidentemente, a través de la educación formal e
informal, con la implicación imprescindible de todos los
miembros de la comunidad educativa, especialmente padres y profesores.
Educación que no se limite a la simple instrucción
que proporcione una asignatura, sino como un "todo"
que impregne el proceso educativo al completo, con los convenientes
apoyos de la "Educación en valores", y por encima
de ser tratado como un tema transversal más que no sé
sabe nunca quién, cómo, cuándo y dónde
se llevará a cabo. En eso, sí que incide la LOE
(2006), superando a la LOGSE (1990); por lo menos, de momento,
en teoría. Ya habrá tiempo para evaluar su implantación
y desarrollo.
2) Es preciso utilizar la Educación en Valores como herramienta
básica y, en nuestro caso concreto, coincidiendo con Arroyo
(2001) en su estudio realizado en el ámbito de Melilla,
teniendo en cuenta los resultados de nuestra investigación,
se pueden extraer dos implicaciones educativas fundamentales.
En primer lugar, quedan demostradas las diferencias valorativas
de dos grupos culturales diferentes y que éstas dependen
de su cultura, hecho que justifica la posibilidad y necesidad
de atender adecuadamente identidades culturales diferentes en
el currículum educativo. Y, en segundo lugar, una implicación
mucho más importante, que conecta con la propia esencia
de la educación y la interculturalidad para poder construir
contextos de aprendizaje compartidos, ésta es, haber demostrado
que existe de un terreno axiológico común a la Cultural
Islámica y a la Cultural Occidental en el que fundamentar
el diseño de un currículum intercultural. De manera
que, trabajando sobre los valores compartidos que posibilitan
la comunicación, el diálogo, el conocimiento, la
comprensión (plano cognitivo), la empatía y demás
afectos (plano afectivo) y el entendimiento mutuo (plano conativo),
se podrán captar los demás valores, a través
de su impregnación (especialmente, del apego y modelaje
de los referentes más significativos, próximos y
distales), su clarificación, su valoración, su interiorización
y su aplicación.
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